Cólera Pasional

La No-Violencia y la cobardía son términos contrarios. La No-Violencia es la mayor virtud, la cobardía es el mayor vicio. La No-Violencia siempre sufre, la cobardía provoca sufrimiento (Gandhi)

Esther Paglialunga (2006) nos expone: Los protagonistas de la novela griega de amor están constantemente expuestos a la injusticia y al daño por parte de otros sujetos, quienes desean separarlos –en cuanto rivales de amor– o configuran el rol de quienes pueden calificarse como “malvados”, adversarios que buscan su destrucción o ruina, por lucro (piratas, bandidos), o por venganza (amantes despreciados). Tendríamos así esbozado un esquema de confrontación que supone un agraviado o víctima y un causante del agravio, es decir, la misma situación que puede aquejar a cualquier hombre en cualquier contexto social, pero que en el mundo griego, además de estar plasmada en un sistema judicial, se había desarrollado en unas formas discursivas muy elaboradas desplegadas en las instituciones.

Los motivos de acusación y/o defensa configuran un sistema axiológico, una determinada concepción de la justicia que ha sido trasgredida y que se supone quedará restablecida una vez que se alcance una sentencia o veredicto de culpabilidad o inocencia.

A propósito de las ‘pasiones’ en tanto loci argumentorum, Aristóteles despliega una verdadera sintaxis narrativa. Por ello, señala que deben considerarse los motivos, el estado de ánimo de los que cometen el acto y el carácter y disposición de quienes lo padecen. La definición de a) dikei=n como bla/ptein (dañar) y cometer actos malvados (fau=la) contra la ley, voluntariamente, implica un sujeto dotado de una competencia modal volitiva y cognoscitiva, sin la cual el acto ejecutado no podrá ser sancionado como injusto.

 Aristóteles, en la Ética Nicomaquea habla de un justo medio respecto de las pasiones, y especialmente de la cólera que instala el deseo de retaliación por un acto que se juzga lesivo para el sujeto o para alguno de los integrantes de su grupo familiar o social.

La visión positiva de la cólera en el mundo griego fue perdiendo vigencia al sustituirse por instituciones donde el castigo implicara una forma de justicia correctiva, no dirigida a hechos pasados, sino con vistas al futuro y capaz por tanto, de tornarse una forma de desaprobación del crimen y de enseñanza de la virtud.

 Brand Isabel de (2006) Publicó: La presente investigación intenta aproximarse a las tragedias Medea y Phaedra de Séneca a partir del análisis lexicográfico y etimológico de los términos relacionados con la violación de las leyes humanas y divinas. En tal sentido, hicimos un seguimiento de los vocablos empleados por el autor para describir la transgresión asociada al contexto específico de la cólera de amor (ira amoris) o pasión (furor amoris) experimentadas por Fedra y Medea, respectivamente.

Para ello se recurrió, primeramente, a la fuente original latina y en segundo lugar, se dividió el estudio en ámbitos o categorías en los que las heroínas cometen sus crímenes, siempre partiendo de la perspectiva de la cólera y la pasión como un padecimiento cuya sintomatología, según la filosofía estoica, puede ser comparada con una especie de «locura transitoria» que no le permite, tanto a Medea como a Fedra emitir sanos juicios.

La ira y el furor en Medea y Phaedra son considerados en sí mismos como transgresiones de índole moral, donde los sustantivos scelus, crimen y stuprum en todas sus formas demuestran la magnitud de la acción cometida en contra de las leyes que rigen el universo y la sociedad.

En el contexto del furor y la ira asociada al crimen debemos hacer énfasis en el sustantivo nefas, el cual demuestra la gravedad de la transgresión

En el asesinato de los hijos de Jasón, Medea recurrirá a sus propias manos donde en ocasiones, la cólera cederá paso a la madre, pero a su vez, ahuyentará el rastro de piedad que aún permanece en ella, procediendo a matar a su primer hijo, en ese momento intercede Jasón, pero no hay misericordia en Medea, mata a su segundo hijo, y si algún otro  permanece en su vientre, con una espada escrutará sus vísceras y lo arrancará, porque para Medea no existen suficientes hijos para mitigar su dolor por el adulterio de Jasón.

 

EMOCIÓN VIOLENTA: Es un trastorno mental transitorio. Se trata de un estado crepuscular emocional. Si bien expresa una severa alteración afectiva, ella no alcanza a constituir un estado de alienación mental. La reacción debe ser inmediata a la provocación. Sin embargo, la doctrina ha admitido otras dos modalidades de la emoción violenta, la tardía y la diferida.

TARDÍA: es la emoción violenta que pone fin a conflictos de largo planteamiento y, en este caso fuera de los requisitos generales se requieren los siguientes: 1) proximidad del acto último de provocación, 2) repetición desesperante del abuso, 3) ausencia de toda premeditación perceptible.

DIFERIDA: ha sido admitida  por Cabello, quien considera que es aquella en que existe coincidencia entre el estimulo y la emoción, pero lo que se distancia es la respuesta agresiva, el impulso psicomotor (conación).

EMOCIÓN INCONCIENCIA

            Esta variedad de inconciencia patológica fue descrita por Krafft Ebing, y está prevista en las causas psicóticas  y a su diagnóstico concurren elementos clínicos y elementos jurídicos.

ELEMENTOS CLÍNICOS

1) Tiene que haber tenido lugar en el momento del acto antijurídico

2) debe revestir las características de una alienación mental de fugaz duración

 3) el autor del hecho "no haya podido comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones"

4) la amnesia respecto del acto en si deberá ser completa y los detalles de lo inmediato o próximamente anterior y posterior deberá revestir los caracteres de lo crepuscular, es decir, con islotes mnésicos y amnésicos desperdigados

 5) el examen evidenciará una personalidad emotiva, congénita o adquirida, o una hipersensibilidad emocional de origen mórbido como puede determinarla una secuela meningoencefalitica, un traumatismo de cráneo o la epilepsia en cualquiera de sus formas.

 

ANATOMÍA DE UN SECUESTRO EMOCIONAL

Goleman book in spanish. Chapter2
http://eqi.org/golebks2htm

La vida es una comedia para quienes piensan y una tragedia para quienes sienten (Horace Walpole).

La evidencia sugiere que un centro del sistema límbico declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos del cerebro para llevar a cabo su impostergable tarea. Este secuestro tiene lugar en un instante y desencadena una reacción decisiva antes incluso de que el neocórtex —el cerebro pensante— tenga siquiera la posibilidad de darse cuenta plenamente de lo que está ocurriendo, y mucho menos todavía de decidir si se trata de una respuesta adecuada. El rasgo distintivo de este tipo de secuestro es que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de ocurrir.

Un golpe de estado neural se origina en la amígdala, uno de los centros del cerebro límbico. Cuando  alguien sufre un ataque de risa, también se halla dominado por una reacción límbica,  lo mismo ocurre en los momentos de intensa alegría.

 Existen en realidad dos amígdalas, que constituyen un conglomerado de estructuras interconectadas en forma de almendra (de ahí su nombre, un término que se deriva del vocablo griego que significa «almendra»), y se hallan encima del tallo encefálico, cerca de la base del anillo límbico, ligeramente desplazadas hacia adelante.

La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales,  en la actualidad se considera como una estructura límbica muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria. La interrupción de las conexiones existentes entre la amígdala y el resto del cerebro provoca una asombrosa ineptitud para calibrar el significado emocional de los acontecimientos, una condición que a veces se llama «ceguera afectiva». La amígdala constituye, pues, una especie de depósito de la memoria emocional y, en consecuencia, también se la puede considerar como un depósito de significado.  Pero la amígdala no sólo está ligada a los afectos sino que también está relacionada con las pasiones; sin amígdala  la vida  es despojada de todo significado personal.

El funcionamiento de la amígdala y su interrelación con el neocórtex constituyen el núcleo mismo de la inteligencia emocional.

La amígdala se convierte en un importante vigía de la vida mental, una especie de centinela psicológico que afronta toda situación, toda percepción.

En uno de los descubrimientos más interesantes realizados en la última década sobre la emoción, LeDoux descubrió el papel privilegiado que desempeña la amígdala en la dinámica cerebral como una especie de centinela emocional capaz de secuestrar al cerebro. Esta investigación ha demostrado que la primera estación cerebral por la que pasan las señales sensoriales procedentes de los ojos o de los oídos es el tálamo y, a partir de ahí y a través de una sola sinapsis, la amígdala. Una segunda señal del tálamo se dirige a la neocorteza, el cerebro pensante.  Esa ramificación permite que la amígdala comience a responder antes de que el neocórtex haya ponderado la información a través de diferentes niveles de circuitos cerebrales, se aperciba plenamente de lo que ocurre y finalmente emita una respuesta más adaptada a la situación. Los sentimientos que siguen este camino directo a la amígdala son los más intensos y primitivos.
LeDoux descubrió, junto a la larga vía neuronal que va al córtex, la existencia de una pequeña estructura neuronal que comunica directamente el tálamo con la amígdala. Esta vía secundaria y más corta —una especie de atajo— permite que la amígdala reciba algunas señales directamente de los sentidos y emita una respuesta antes de que sean registradas por el neocórtex.

 Por ello la amígdala puede llevarnos a actuar antes incluso de que el más lento —aunque ciertamente más informado— neocórtex despliegue sus también más refinados planes de acción.

 Existen ciertas reacciones y recuerdos emocionales que tienen lugar sin la menor participación cognitiva consciente.

La amígdala puede desencadenar una respuesta antes de que los centros corticales hayan comprendido completamente lo que está ocurriendo.
Nuestras emociones tienen una mente propia, una mente cuyas conclusiones pueden ser completamente distintas a las sostenidas por nuestra mente racional.

Uno de los inconvenientes de este sistema de alarma neuronal es que, con más frecuencia de la deseable, el mensaje de urgencia mandado por la amígdala suele ser obsoleto, especialmente en el cambiante mundo social en el que nos movemos los seres humanos. Como almacén de la memoria emocional, la amígdala escruta la experiencia presente y la compara con lo que sucedió en el pasado. Su método de comparación es asociativo, es decir que equipara cualquier situación presente a otra pasada por el mero hecho de compartir unos pocos rasgos característicos similares. En este sentido se trata de un sistema rudimentario, que no se detiene a verificar la adecuación o no de sus conclusiones,  actúa antes de confirmar la gravedad de la situación. Por esto  nos hace reaccionar al presente con respuestas que fueron grabadas hace ya mucho tiempo, con pensamientos, emociones y reacciones aprendidas en respuesta a acontecimientos vagamente similares, lo suficientemente similares como para llegar a activar la amígdala. El problema es que, junto a esos recuerdos cargados emocionalmente, que tienen el poder de desencadenar una respuesta en un momento crítico, coexisten también formas de respuesta obsoletas. El motivo que explica el desconcierto ante nuestros propios estallidos emocionales, es que suelen datar de un período tan temprano que las cosas nos desconcertaban y ni siquiera disponíamos de palabras para comprender lo que sucedía. Nuestros sentimientos tal vez sean caóticos, pero las palabras con las que nos referimos a esos recuerdos no lo son.

La amígdala puede reaccionar con un arrebato de rabia o de miedo antes de que el córtex sepa lo que está ocurriendo, porque la emoción se pone en marcha antes que el pensamiento y de un modo completamente independiente de él.

El córtex prefrontal parece ponerse en funcionamiento cuando alguien tiene miedo o está enojado,  sofoca o controla el sentimiento para afrontar de un modo más eficaz la situación presente o cuando una evaluación posterior exige una respuesta completamente diferente. De este modo, el área prefrontal constituye una especie de modulador de las respuestas proporcionadas por la amígdala y otras regiones del sistema límbico, permitiendo la emisión de una respuesta más analítica y proporcionada.
Habitualmente, las áreas prefrontales gobiernan nuestras reacciones emocionales. Recordemos que el camino nervioso más largo de los que sigue la información sensorial procedente del tálamo, no va a la amígdala sino al neocórtex y a sus muchos centros para asumir y dar sentido a lo que se percibe. Y esa información y nuestra respuesta correspondiente las coordinan los lóbulos prefrontales, la sede de la planificación y de la organización de acciones tendentes a un objetivo determinado, incluyendo las acciones emocionales. En el neocórtex, una serie de circuitos registra y analiza esta información, la comprende y organiza gracias a los lóbulos prefrontales, y si, a lo largo de ese proceso, se requiere una respuesta emocional, es el lóbulo prefrontal quien la dicta, trabajando en equipo con la amígdala y otros circuitos del cerebro emocional.

El secuestro emocional parece implicar dos dinámicas distintas: la activación de la amígdala y el fracaso en activar los procesos neocorticales que suelen mantener equilibradas nuestras respuestas emocionales. En esos momentos, la mente racional se ve desbordada por la mente emocional y lo mismo ocurre con la función del córtex prefrontal como un gestor eficaz de las emociones sopesando las reacciones antes de actuar,  amortiguando las señales de activación enviadas por la amígdala y otros centros límbicos. El interruptor que «apaga» la emoción perturbadora parece hallarse en el lóbulo prefrontal izquierdo. El lóbulo prefrontal derecho es la sede de sentimientos negativos como el miedo y la agresividad, mientras que el lóbulo prefrontal izquierdo los tiene a raya, probablemente inhibiendo l lóbulo derecho. Cuando estamos emocionalmente perturbados, solemos decir que «no puedo pensar bien»,  también permite explicar por qué la tensión emocional prolongada puede obstaculizar las facultades intelectuales del niño y dificultar así su capacidad de aprendizaje.

Estos déficit no los registran siempre los test que miden el CI, aunque pueden ser determinados por análisis neuropsicológicos más precisos y colegidos de la continua agitación e impulsividad del niño. En un estudio llevado a cabo con alumnos de escuelas primarias que, a pesar de tener un CI por encima de la media, mostraban un pobre rendimiento académico, las pruebas neuropsicológicas determinaron claramente la presencia de un desequilibrio en el funcionamiento de la corteza frontal. Se trataba de niños impulsivos y ansiosos, a menudo desorganizados y problemáticos, que parecían tener un escaso control prefrontal sobre sus impulsos límbicos. Este tipo de niños presenta un elevado riesgo de problemas de fracaso escolar, alcoholismo y delincuencia, pero no tanto porque su potencial intelectual sea bajo sino porque su control sobre su vida emocional se halla severamente restringido. El cerebro emocional, completamente separado de aquellas regiones del cerebro cuantificadas por las pruebas corrientes del Cl., controla igualmente la rabia y la compasión. Se trata de circuitos emocionales que son esculpidos por la experiencia a lo largo de toda la infancia y que no deberíamos dejar completamente en manos del azar.

Las emociones, pues, son importantes para el ejercicio de la razón. En la danza entre el sentir y el pensar, la emoción guía nuestras decisiones instante tras instante, trabajando mano a mano con la mente racional y capacitando —o incapacitando— al pensamiento mismo. Y del mismo modo, el cerebro pensante desempeña un papel fundamental en nuestras emociones, exceptuando aquellos momentos en los que las emociones se desbordan y el cerebro emocional asume por completo el control de la situación.

En cierto modo, tenemos dos cerebros y dos clases diferentes de inteligencia: la inteligencia racional y la inteligencia emocional,  nuestro funcionamiento en la vida está determinado por ambos. Por ello no es el CI lo único que debemos tener en cuenta, sino que también deberemos considerar la inteligencia emocional. De hecho, el intelecto no puede funcionar adecuadamente sin el concurso de la inteligencia emocional, y la adecuada complementación entre el sistema límbico y el neocórtex, entre la amígdala y los lóbulos prefrontales, exige la participación armónica entre ambos. Sólo entonces podremos hablar con propiedad de inteligencia emocional y de capacidad intelectual.

 

 

El trastorno mental transitorio (TMT): implicancias jurídicas y médico-legales
(Romi Juan Carlos 1999)

Concepto: El término trastorno mental transitorio (TMT) tiene su origen en el Código Penal español de 1932. El jurista español Jiménez de Asúa jugó un rol importante en su redacción y propuso que, junto al enajenado que resultaba exento de responsabilidad criminal se encontraba también "el que se hallare en situación de inconsciencia".

Los TMT son estados de perturbación mental pasajeros y curables, debidos a causas ostensibles sobre una base patológica probada, cuya intensidad puede llegar a producir trastornos en la comprensión y la voluntad y por ende, la consiguiente repercusión en la imputabilidad.

Durante muchos años se ha exigido, para establecer el diagnóstico de TMT, que la reacción anómala del sujeto tuviera un trasfondo patológico. Algunos autores, como Alonso Fernández, dicen que hay estados psíquicos que pueden provocar trastornos de la conciencia sin que concurra un fondo morboso como son el agotamiento, la somnolencia y situaciones afectivas intensas como la cólera, la angustia o el éxtasis. Por lo tanto, sostienen que estos trastornos de la conciencia no morbosos pueden tener "el valor de enfermedad" en la psiquiatría forense.

 La situación del TMT no ha de haber sido con la intención de delinquir.

Francisco Verde Aponte (2006) lo define así: El TMT es una alteración de las facultades psíquicas, de carácter temporal, producida por causas evidenciables, cuya magnitud produce una perturbación suficiente de su estado de conciencia para el momento del hecho delictivo.

Los elementos que componen el TMTE (Espontáneo) son:

  1. Origen: Se trata de reacciones a agentes "venidos de afuera" y se corresponden en la clínica con los síndromes reactivos a motivos físicos, psíquicos o mixtos. Por lo tanto, lo que diferencia los TMT de la enajenación (psicosis endógena), es que aunque ésta desaparezca con rapidez, puede reaparecer sin motivos aparentes en cualquier instante. Los TMTE no vuelven a repetirse si no vuelve a darse el motivo exógeno.

 

  1. Comienzo: El TMT ha de ser producido por una causa externa "inmediata, necesaria y fácilmente evidenciable”, es decir, debe existir una secuencia entre la causa (por ejemplo: discusión) y el efecto (por ejemplo: agresión). La sintomatología,  hace su presencia de manera intensa.
  1. Duración: pasajera, sin posibilidad de reaparición por motivos internos.

 

  1. Curación: El TMT ha de tener terminación con desaparición

         completa de los síntomas,  el sujeto recupera su estado
anterior al episodio de perturbación mental.

  1. Base patológica: En los TMT suele observarse la existencia

     de     un terreno predisponente, pero no es indispensable.

Todos tienen  en común las alteraciones de la conciencia unidas a una cierta incontinencia afectiva.

Se describen los de causas físicas, los de causas psíquicas y los mixtos.

En las causas físicas (infecciones, traumatismos craneanos, etc.) la base patológica facilita el trastorno.

Se encuentran aquí, desde los estados crepusculares que aparecen como reacción a diversos estímulos exógenos de clara base somática o física: infecciones, intoxicaciones, epilepsia, traumatismos, etc., hasta los síndromes de reacción externa de Bonhöffer como los síndromes de delirium, los amenciales (confusión mental), los estados crepusculares, las alucinosis  (D Barcia Salorio 1991).
Los TMT de causa psíquica pueden  ser consecutivos a estímulos vivenciales de origen  psíquico, es decir  "reacciones de situación". Se encuentran en este grupo las reacciones vivenciales anómalas que se expresan  como reacciones psicógenas o psicopáticas. Se describen:

a) las reacciones explosivas de causa afectiva, pueden constituir un auténtico TMT si su intensidad es suficiente,  descarga  todo malestar acumulado. Se las observa en epilepsias, trastornos afectivos e histéricos, en las fugas  y en raptus bajo tensión de la angustia.

b) las reacciones primitivas hipobúlicas de Krestchmer, en las que entran algunos casos de somnolencia, hipnosis, estados crepusculares y crisis histéricas.

c) las reacciones en cortocircuito (explosión emocional)

d) las reacciones de espanto (parálisis emocional) cuando son típicas reacciones situacionales por estímulos afectivos, violentos, bruscas, cortas y terminen sin defecto.

Los TMT de causas mixtas por motivos exógenos y psicógenos simultáneos también son posibles. Se citan la tuberculosis y el cáncer como consecuencia de la toxemia propiamente dicha y de las reacciones de la personalidad condicionadas por el medio. También se describen las que tienen relación con  los trastornos mentales de la menstruación, el embarazo, el parto y el puerperio.

Existen cuadros que generan dudas y que son de observación frecuente relacionadas con el alcohol, como la embriaguez aguda y la embriaguez patológica que ocurre en sujetos con una predisposición especial: epileptoide, esquizoide, histeroide, y a veces sobre cuadros postraumáticos o sobre motivos pasajeros, como el agotamiento, falta de sueño, exposición prolongada a altas temperaturas, insolación, etc.

Para que los trastornos de conciencia y de la coordinación motora que puedan provocar un TMT, sean causa de exención o atenuación de la responsabilidad penal, se debe tener la convicción de que tales respuestas eran desconocidas por el sujeto y no respondían a la actitud premeditada de delinquir.

Los tóxicos euforizantes y embriagantes (morfina, cocaína, heroína, marihuana, éter, alucinógenos, etc.) plantean los mismos problemas que el alcohol y pueden aplicarse las mismas consideraciones psiquiátrico-forenses.

En resumen: la propuesta médico-jurídica que fundamenta el concepto del TMT es el de una perturbación mental que anula parcial o completamente las facultades psíquicas con privación de la voluntad y el raciocinio, de duración limitada, que desaparece sin dejar secuelas. Está causado por fenómenos exógenos o vivenciales, o endógenos de carácter patológico. Se asimila a la enajenación, siendo su única diferencia la transitoriedad y que no debe haber sido producida intencionalmente.

 

Clasificación:

El TMT puede clasificarse como completo  característico del estado de alteración grave de la conciencia, e incompleto  característico de los cuadros que provocan estados crepusculares de la conciencia.

Desde el punto de vista neurológico, la supresión de la conciencia  es una perturbación del estado de vigilia, el individuo se encuentra inconsciente (pérdida del conocimiento), por ejemplo: por un traumatismo de cráneo que puede provocar una conmoción (perdida de conciencia transitoria sin dejar secuelas), contusión (pérdida de la conciencia con secuelas) o por compresión (masa ocupante de espacio,  tumoral o hemorrágica).

Desde el punto de vista psiquiátrico se produce una pérdida de la capacidad judicativa por suspensión de la conciencia. Entre los cuadros psiquiátricos que pueden provocar cuadros de perturbación de la consciencia se citan todos aquellos capaces de suspender el juicio, como ocurre en el síndrome confusional o el síndrome confusional agudo (delirium).

Los estados de perturbación de la conciencia desde el punto de vista médico legal pueden estar provocados por intoxicaciones como el alcohol y drogas, pero también por otras motivaciones como el sueño, la epilepsia, la emoción, la hipnosis, el sonambulismo, el dolor etc.

La afectividad (Timia. Humor)  impulsa toda la vida psíquica. Los estados afectivos pueden ser agradables, placenteros (Euforia. Manía) o desagradables, displacenteros (Tristeza. Depresión. Angustia, miedo). La afectividad  impregna toda la personalidad, participa de las elaboraciones intelectuales y condiciona la conducta (recordar la catatimia).

La afectividad se manifiesta a través de: emociones,  sentimientos.
Las emociones: son  reacciones primarias, explosivas, bruscas e intensas. Un estímulo ya sea percibido desde el exterior o representado desde el interior impacta el psiquismo provocando cambios del tono afectivo (huida o ataque) y trastornos neurovegetativos que pueden alterar la conciencia.

Los sentimientos: son estados afectivos elaborados  mediante el aporte del juicio y del razonamiento que le configuran estabilidad, subjetividad y especificidad individual. Pueden ser egoístas (culpa, odio, venganza), altruistas (amor, caridad, piedad), impersonales (fe, música, pintura, arte).

La personalidad suele estar desestabilizada por patologías previas como las epilepsias, las neurosis, el alcoholismo, la depresión, etc.

Todo hombre “normal” puede tener reacciones calificables  de normales o de anormales.  Las reacciones normales son adecuadas desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo a sus motivos. Las reacciones anormales son comprensibles cualitativamente en sus motivos,  resultan  desproporcionadas cuantitativamente   en sus manifestaciones conductuales.

Los trastornos mentales transitorios incompletos: En el Código Penal español se considera que un sujeto actúa con arrebato u obcecación (AuO) cuando sufre alteraciones pasionales,  emocionales, o psíquicas que afectan a su capacidad cognoscitiva y volitiva, pero sin abolirla, por lo que su alcance es sólo parcial. El AuO es un estado de ánimo que ofusca (trastorna, conturba o confunde las ideas) la mente.

Se entiende por arrebato una pérdida momentánea del autodominio como consecuencia de la ira u otra manifestación afectiva. Es una reacción ante una determinada situación vivencial, que desemboca en una situación de descontrol.

Así los insultos, las agresiones físicas, las situaciones ambientales estresantes, las amenazas y provocaciones pueden dar lugar a respuestas arrebatadas. En el arrebato no se medita la acción, sino que se actúa acaloradamente, sin prever las repercusiones que ello puede tener. Los hechos realizados bajo arrebato entrarían en sintonía con las reacciones en cortocircuito.

Los actos en cortocircuito o reacciones primitivas, son reacciones momentáneas, impulsivas, producidas por las capas inferiores de la personalidad, es decir, sin que intervengan la "esfera del yo" en su función conductora, ya que ésta "llega tarde" para frenar o dar la contraorden a la acción ya ejecutada. Se producen por lo general por situaciones emotivas, pasionales, o circunstanciales,  el sujeto no alcanza a tener clara conciencia del acto ya que representa la etapa final de un conflicto muy traumático (rechazado o reprimido por el inconsciente) que hace eclosión como una reacción motora elemental (reacción impulsiva).

La obcecación (ofuscación tenaz y persistente) implica una situación de perturbación psíquica por hechos externos o acontecimientos vivenciales. Toda actuación realizada bajo obcecación responde a un estado que se ha ido gestando durante un período superior al del arrebato. El obcecado llega a esta situación después de haber sufrido una determinada agresión continua, o haber pasado por un trance desagradable. De manera que la obcecación es un estado de ofuscación transitoria que desaparece después de haberse producido el fenómeno que la detona. Reconoce un estado de ánimo preexistente (un estado interior de malestar, ira, celos o resentimiento) que se extiende en el tiempo y que actúa persistentemente en el sujeto impidiéndole valorar adecuadamente las consecuencias de una acción reactiva ante los estímulos que recibe.

Por lo tanto se puede dar en obsesivos, paranoides, depresivos, etc., que tras un período de obcecación tienen una reacción de ofuscación que los obnubila.

Estos cuadros admiten excepcionalmente la alevosía por excitación psíquica pero nunca la premeditación que exige, entre otros requisitos, la frialdad del ánimo.

Los estados pasionales, el miedo excesivo (que puede llegar al pánico o al terror) y la acción de drogas pueden constituir auténticos TMT.

Se entiende por vivencias los acontecimientos de la vida que provocan una resonancia afectiva que influye emocionalmente en el sujeto. Esta reacción emocional es habitualmente compleja, se compone de elementos psíquicos y físicos como la angustia y el miedo que provocan, además de la alteración psíquica, sintomatología somática como taquicardia o temblores.
La reacción vivencial es una respuesta emocional comprensible motivada por una vivencia. Se dice que la reacción vivencial es anormal cuando la duración intensidad y cualidad de la reacción es una respuesta desproporcionada a la motivación que la determinó.

Las reacciones pasionales de amor, celos, odio, poder, avaricia, envidia, etc. pueden dar lugar a actos irreflexivos muchas veces concomitantes con el delito, que si bien pueden ser transitorias son de mayor duración y profundidad.

Otros trastornos transitorios que perturban gravemente la razón y la acción y que remiten sin secuelas son las psicosis reactivas graves, resultantes de un estrés psicosocial (duran como máximo dos semanas), las psicosis exógenas como el estado crepuscular; el trastorno psicótico agudo polimorfo (que presenta productividad psicótica alternante y cambiante en horas); el síndrome exógeno confusional provocado por infecciones e intoxicaciones que inciden el parénquima cerebral, y el trastorno por estrés postraumático agudo que se caracteriza por la reexperimentación de un acontecimiento traumático con reducción de la respuesta frente al exterior y una gran variedad de síntomas neurovegetativos.

El tipo de personalidad antisocial o sociopatía es una de las de mayor incidencia jurídico criminal. La existencia de este trastorno, unida a situaciones vivenciales adversas o a trances de máxima tensión, pueden dar lugar a acciones delictivas muy violentas.

También hay que contemplar  los casos fronterizos y las estructuras "borderlines" (personalidades límites descompensadas).

En el delirio pasional la petición amorosa rechazada se elabora en el sentido de la idea de la insuficiencia vergonzosa y se transforma en las correspondientes ideas referidas, y de celotipia. La celotipia y la desconfianza hacia la pareja son comunes en las personalidades paranoides y proclives a situaciones delictivas por reacciones explosivas y agresivas.

El problema de la emoción violenta

El estado crepuscular de la conciencia de causa emocional trae la conflictiva figura de la emoción violenta.

La emoción, si es un concepto médico, y como se ha expresado, es una reacción primaria, explosiva, brusca e intensa. De acuerdo a la intensidad de la respuesta emocional a un estímulo dado el individuo puede llegar desde un estado crepuscular de la conciencia a un estado de inconsciencia.

Lo que acontece en la llamada "emoción violenta" es:

a) una reacción vivencial anormal emotiva muy intensa pero que no alcanza un grado de alienación completa. Algunos autores  hablan de una personalidad predispuesta de base.

b)  un hecho súbito, que conmueve la afectividad e inhibe las funciones intelectuales superiores por la marcada exaltación afectiva que produce.

c) la respuesta psicomotora  debe ser inmediata, aunque se describen formas tardías  en las personalidades esquizoides y diferidas cuando el estímulo es iterativo en el tiempo.

d) luego del hecho se reconoce un estado de amnesia parcial de lo ocurrido,  por lo que se dice que es el estado  incompleto y le corresponde una atenuación y no es eximente de pena.

e) en cuanto a la objetivación de "violenta" pasa a ser un juicio de valor exclusivamente jurídico al igual que "las circunstancias que lo hicieran excusables".

El consumo de drogas, en especial las que mayor adicción provocan, pueden dar lugar a conductas que inciden en la imputabilidad por tres motivos principalmente:

a) la intoxicación de la sustancia que altera la capacidad cognoscitiva y volitiva del psiquismo por ejemplo: el alcohol,

b) por el síndrome de abstinencia que afecta su conducta, como por ejemplo: la heroína 

c) por las patologías asociadas que las drogas comportan como los delirios paranoides como por ejemplo: las anfetaminas y la cocaína.

En el estado de conciencia intervienen: un componente neurológico, un componente psicológico y un componente social.

El componente neurológico requiere de la indemnidad del soporte del SARA y el centro encefálico para mantener la regulación sueño-vigilia y coordinar la actividad cortical estímulo-acción.

El componente psicológico requiere de la atención y sensopercepción para captar los estímulos, de la memoria para almacenarlos y recordarlos, del pensamiento y la razón para discriminarlos, del juicio para valorarlos, de la afectividad (carga afectiva) para motivarlos y de la actividad para ejecutarlos.

El componente social requiere de la buena interacción con el medio para integrar las acciones en forma adecuada.

De manera tal que, el estado de conciencia requiere de un sensorio libre tanto "para estar alerta" como "para darse cuenta", es decir, para tener capacidad de comprender y de mantener el contacto con la realidad.

 

 

 

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